lunes, 24 de noviembre de 2014

Soledad



La impotencia y la ira que sentía se mezclaban con la falta de afecto, y el resultado era tan devastador, que ni siquiera las lágrimas la consolaban. Saber que cuando mirase a su alrededor no iba a encontrar a nadie, saber que si lloraba, se entristecía, o si simplemente le apetecía hablar, no habría absolutamente nadie, la aterraba. Le daba miedo. Solo existía una sola persona en su mente, una sola persona que la hacía sentir en la cima cuando todos la dejaron en lo más hondo, pero esa persona no le ofrecía la estabilidad necesaria como para no tener miedo. 
Su corazón latía cada vez más fuerte, intentando hacerla luchar, pero su corazón no comprendía que era algo que no dependía de ella. 
Llorar se quedaba corto, y gritarle a la nada estaba muy mal visto, pero era algo que se le escapaba de las manos y no podía controlar; la única manera que encontró de "estar en paz" consigo misma, fue sufriendo en silencio. 
Tantas cosas que decir y todas tan importantes, que ni la mente humana más sensible hubiese podido ser partícipe siquiera de la simple empatía, porque si alguna mente llegaba a lograrlo, la soledad y el abismo que encontraría serían tan profundos, que ya nunca sería capaz de volver a sentirse querida.

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