Caminó y caminó, caminó hasta que sus pies no aguantaron más. No iba a ninguna parte, solo caminaba. A veces reía y otras lloraba, a veces se ponía seria, y otra perdía la mirada en el suelo. Por qué tiene que ser así..
La gente la miraba, o al menos eso le parecía a ella. Le pesaba el corazón, y eso hacia que sus pasos fueran más lentos. Se escondía bajo su gorra, donde nadie podía mirarla a los ojos, donde nadie podía mirar dentro de ella.
Su sonrisa era de las más sinceras y brillantes que nadie pudiese imaginar, aunque solo podían hacer eso, imaginársela. Ocultaba su bonito y elegante cuerpo con ropas y abrigos de más, encorvándose sobre sí misma para que nadie notase su presencia.
Aquella ciudad la engullía, la volvía fría y desconfiada, insegura y discreta. Lloraba por todo al mismo tiempo que por nada, transformando sus castaños ojos en un abismo verdoso y triste; todo eso pasaba bajo su visera. Andaba y andaba...
Su mundo se inclinaba cada vez mas haciéndola sentir frágil, con miedo. Tenía a su lado a personas que la querían, pero había sufrido mucho, y su alma aun necesitaba de muchos cuidados. Sus alargadas y delicadas manos temblaban, frías y enrojecidas por el frío.
Intentaba pensar con la mayor claridad posible, pero solo le venían preguntas a las que no era capaz de encontrar respuesta. Siguió caminando. Empezó a llover, se hizo de noche. Cada vez hacía más frío, pero ella siguió caminando. Llegó a un puente, donde no había absolutamente nadie; ya era bastante tarde, y su móvil no paraba de sonar, pero ella fingía no escucharlo.
Entonces, se paró en seco,cerró los ojos, inspiró hondo dejando que el olor de la lluvia la invadiera, y soltó el aire al mismo tiempo que toda su tristeza y frustración. Dos lágrimas bañaban sus mejillas, ya empapadas por la lluvia; sus manos estaban mas frías que nunca y apenas sentía los dedos; sus piernas luchaban por mantenerse en pie después de caminar durante horas sin ningún destino; y sus labios, morados y agrietados, chocaban entre si a causa de los tiritones.
Ahí fue cuando sonrió, abrió los ojos, y se contestó a ella misma: porque así es la vida.
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